De forma inconsciente (¿o no tanto?), se ha ido creando un nuevo estilo de naming para designar a los productos internet. Si llevas tu marca a Internet, tienes que ser simpático, fácil de usar, cool, trendy, nada serio, en inglés… y lo más importante: tener por lo menos dos “o”.
Hubo un tiempo en el que la ciencia del marketing no existía, y ni mucho menos asomaba la nariz la disciplina del naming. Como hoy, los profesionales, comercios y empresas se encontraban en la necesidad de bautizar a su negocio, utilizando para ello criterios muy diferentes a los actuales.
Un error bastante frecuente consiste en confundir marcas con logotipos. Así, cree el cliente que un nombre sugerente unido a un logo bonito bastará para comunicar todos los atributos de su marca. Y busca encerrar la quintaesencia de su producto o servicio en un anagrama que por sí solo lo explique todo sobre ellos.
Pongamos que dos marcas desean decir lo mismo, a los mismos y en el mismo tono… ¿por qué no unir sus discursos? El cobranding es una excelente herramienta de posicionamiento, un gran ejemplo de que 1+1=3… pero sólo una minoría de estas estrategias alcanza buenos resultados.